Hay fincas que se explican con metros…
y otras que se entienden cerrando los ojos.
En esta, lo primero que escuchas no es el tráfico.
Es el río, el viento entre los árboles… y de fondo, las campanas de Beniardà marcando el ritmo del día.
A solo 3 minutos del pueblo, esta finca de unos 3.740 m² combina lo mejor de dos mundos:
la tranquilidad del campo con la cercanía de todo lo necesario.
El terreno, organizado en bancales completamente llanos, es uno de sus grandes valores: cómodo, aprovechable y fácil de trabajar o disfrutar. Además, se trata de una finca muy bien cuidada, algo que se percibe desde el primer momento y que marca la diferencia.
Actualmente está en plena producción, con naranjos, limoneros y olivos, y cuenta con agua y acceso asfaltado, lo que la hace práctica desde el primer día.
Pero más allá de lo técnico, hay algo que no se puede explicar del todo:
las vistas abiertas hacia el propio pueblo, con guiños a Benimantell y Benifato, y la cercanía al Embalse de Guadalest, uno de los paisajes más especiales de la zona.
Existe la posibilidad de solicitar estudio para una casita de aperos, lo que abre la puerta a crear tu propio refugio:
un lugar donde venir a desconectar, cultivar o simplemente parar.
No es solo una finca.
Es un sitio donde el tiempo suena distinto.[IW]