Colaboradora Externa de Indomio.es/news
En otoño, la naturaleza comienza a prepararse para el invierno: las hojas de las plantas y los árboles se secan, adquieren tonos rojizos, amarillos y ocres y, finalmente, caen al suelo. Por lo general, se recogen con un rastrillo y se tiran, aunque en realidad pueden aprovecharse de muchas maneras, desde hacer manualidades con niños hasta elaborar abono.
Para empezar, la caída de las hojas se produce en determinadas zonas climáticas.
No todas las hojas de un árbol caen al mismo tiempo: algunas se desprenden con los primeros cambios bruscos de temperatura, mientras que otras permanecen en las ramas durante más tiempo y envejecen antes de caer.
Con la llegada del otoño, los días se acortan, disminuye el calor del sol y las temperaturas bajan progresivamente. Los árboles y arbustos responden a estos cambios experimentando sus propias transformaciones.
En particular, las hojas son las primeras en notar estos cambios. Durante la primavera y el verano desempeñan una función esencial para la vida de las plantas mediante el proceso de fotosíntesis, que permite producir los nutrientes necesarios para su supervivencia.
En otoño, al dejar de darse las condiciones adecuadas, las hojas reducen su actividad y, al dejar de ser necesarias para la planta, se debilitan y caen. Con el frío, los nutrientes se trasladan al tronco y la clorofila, el pigmento que da color a las hojas, se degrada. Como consecuencia, las hojas cambian de color y amarillean.
Hay varios motivos para recoger las hojas que caen al suelo. En primer lugar, retirar las hojas secas del jardín ayuda a conservar no solo su aspecto, sino también la salud y el buen estado de las plantas y el césped.
Además, cuando se acumulan y se humedecen, pueden resultar peligrosas, ya que hacen que el suelo esté resbaladizo. Por otra parte, la acumulación de hojas secas impide que los rayos del sol lleguen al terreno, lo que puede favorecer la aparición de podredumbre.
En lugar de tirarlas, las hojas recogidas pueden reutilizarse para hacer compost. Basta con triturarlas e introducirlas en una compostera para favorecer su descomposición y fermentación y obtener así un abono natural y fértil que se pueda utilizar en el jardín.
Según algunos expertos, si no existen necesidades estéticas concretas ni problemas de seguridad relacionados con el riesgo de resbalones, las hojas caídas pueden dejarse en el suelo sin necesidad de recogerlas, ya que pueden resultar beneficiosas.
La capa de hojas que se forma sobre el terreno, especialmente alrededor de árboles, setos y arbustos o en las zonas destinadas al huerto, actúa como protección natural contra el frío, ayudando a mantener una temperatura más elevada en el suelo.
Además, las hojas pueden convertirse en una fuente de nutrientes gracias a la materia orgánica que contienen y que, al descomponerse, contribuye a la formación de humus.
Por último, una capa de hojas sobre el suelo también puede servir como protección frente a las plantas invasoras, limitando el crecimiento de malas hierbas y ayudando a conservar los cultivos.
Las hojas recogidas pueden depositarse en los contenedores de residuos orgánicos o llevarse a los puntos de recogida habilitados. Otra opción es añadirlas al montón de compost para obtener un abono de calidad.
Pero también pueden aprovecharse de otras maneras.
Si hay parterres en el jardín, se puede dejar sobre ellos una fina capa de hojas secas, de un máximo de 4 o 5 centímetros, que servirá como acolchado. Esta capa de material ayuda a proteger las raíces de las plantas, impedir el crecimiento de malas hierbas, conservar la humedad del suelo y protegerlo de las inclemencias del tiempo.
Si hay zonas de tierra descubierta, se pueden cubrir con una capa de hojas secas, sujetándolas con una malla o una tela no tejida. Esto ayudará a mantener la fertilidad del suelo y a evitar que su superficie se empobrezca por la acción del viento y del sol.
Si en el jardín viven pequeños animales silvestres insectívoros, como los erizos, o insectos beneficiosos, como las mariquitas, se puede favorecer su presencia dejando en un rincón tranquilo un montón de hojas secas, ramitas, piedras y tierra.
Lo primero es recoger las hojas secas que han caído de los árboles utilizando un rastrillo y guantes de jardinería. Después, hay que introducirlas en bolsas de plástico grandes y guardarlas en un lugar fresco y seco, como un sótano o un cobertizo, durante unos meses.
Cuando llegue el invierno, las hojas preparadas de esta manera podrán utilizarse para cubrir las raíces de las plantas. Las raíces son una de las partes más sensibles de las plantas, por lo que necesitan cuidados y protección. Las hojas secas ayudan a protegerlas del frío, la humedad y las inclemencias del tiempo, creando una especie de microclima protector.
Si es posible, también se pueden añadir trozos de corteza, que resultan muy útiles para mantener las raíces protegidas del frío.
Para utilizar las hojas secas como abono, hay que triturarlas y colocarlas en un recipiente. Después, se añaden posos de café y se mezcla todo bien.
La mezcla resultante se puede esparcir sobre la tierra de las plantas, especialmente alrededor de las raíces.
*Este artículo se publicó por primera vez en Immobiliare.it/news y ha sido traducido por la Redacción de Indomio.es/news.